A pocas horas de la llegada de Xi Jinping a Corea del Norte, Pyongyang envió un mensaje contundente sobre su programa nuclear, declarando que su estatus como potencia nuclear no está sujeto a discusión ni negociación. La advertencia llegó a través de Kim Yo-jong, hermana del líder Kim Jong-un y una figura clave en la política exterior norcoreana.
Kim Yo-jong, oficialmente directora del departamento de asuntos generales del partido gobernante, calificó las demandas internacionales como «sueños irreales y anacrónicos», rechazando cualquier intento de Estados Unidos por cuestionar la condición nuclear del país. Subrayó que ninguna declaración unilateral tiene peso legal para Pyongyang y que no aceptarán amenazas contra su arsenal.
Este firme posicionamiento sigue a la inscripción en la Constitución norcoreana, durante 2023, del carácter irreversible de su estatus nuclear, reflejando la importancia estratégica que otorgan a su arsenal, considerado un seguro ante posibles intervenciones o invasiones externas. Corea del Norte mantiene bajo sanciones internacionales que exigen desnuclearización como requisito para su levantamiento.
La tensión también surge después de que la Casa Blanca recordara el compromiso compartido de Donald Trump y Xi Jinping para la desnuclearización durante una visita oficial a Pekín, lo que fue rechazado por Pyongyang como una postura desconectada de la realidad. A pesar de su alianza con China, que históricamente apoyó sanciones y la desnuclearización, el apoyo de Beijing se ha flexibilizado, privilegiando la estabilidad regional y su interés en mantener a Corea del Norte como un estado tapón frente a Estados Unidos y Corea del Sur.
La visita de Xi Jinping busca reforzar esta relación estratégica, aunque la postura nuclear norcoreana parece más firme que nunca, afianzando un contexto de desafío diplomático y manteniendo en alerta a la comunidad internacional.