El gasoducto Néstor Kirchner, rebautizado como Perito Moreno, ha generado un ahorro acumulado de más de US$ 9.000 millones en divisas en sus primeros tres años de operación, según un informe de la Fundación Encuentro. Esta infraestructura energética fue clave para disminuir las compras externas de gas natural licuado (GNL), gasoil, y otros combustibles, fortaleciendo la producción nacional y la seguridad energética.
La obra demandó una inversión de US$ 2.300 millones sin incluir el IVA y acumuló un retorno cercano a cuatro veces ese monto gracias a la sustitución de importaciones energéticas. Durante este periodo, el gasoducto inyectó 17.000 millones de metros cúbicos de gas a la red nacional, facilitando el abastecimiento interno y disminuyendo la dependencia de suministros desde Bolivia, Brasil y Uruguay.
Construido en tan solo 302 días, el proyecto contó con un alto grado de participación industrial argentina, que representó el 81% de los trabajos ejecutados. Dentro de las fases previstas, sin embargo, la segunda etapa del gasoducto no se completó, lo que mantiene la necesidad de importar energía en ciertas épocas críticas, como los inviernos.
El informe también destaca el efecto positivo del gasoducto en el desarrollo del yacimiento de Vaca Muerta, una de las principales reservas hidrocarburíferas del país. La actividad relacionada sostiene actualmente más de 12.700 empleos directos, a los que se suman cerca de 49.000 puestos generados durante la construcción del gasoducto. Este dinamismo laboral refleja el impacto económico y social del proyecto.
En resumen, la infraestructura ha ampliado la capacidad de transporte de gas en Argentina, impactando en la reducción de costos de abastecimiento y maximizando el aprovechamiento de recursos nacionales. Fue concebida durante la gestión de Sergio Massa en Economía y Flavia Royón en la Secretaría de Energía, con el objetivo de aumentar la autonomía energética del país.