La contaminación lumínica es un fenómeno poco explorado en la Antártida, región donde ahora un equipo de científicos chilenos analiza por primera vez cómo la luz artificial interactúa con el calentamiento global y afecta los ecosistemas marinos. El estudio se enfoca en entender los impactos combinados sobre especies clave como macroalgas, invertebrados y vertebrados que habitan las zonas costeras antárticas.

Este programa, denominado DIPOLE (Disrupting polar ecosystems: light pollution may alter the ecological effects of global warming), busca integrar investigaciones de campo y laboratorio para proporcionar evidencia sólida que contribuya al diseño de políticas ambientales en el contexto del Sistema del Tratado Antártico. La iniciativa surge ante el rápido aumento de las temperaturas en la región, escenario donde la contaminación lumínica podría modificar las respuestas biológicas de organismos adaptados a ciclos naturales de luz y oscuridad.

El director de DIPOLE, José Pulgar, destacó la urgencia de analizar cómo múltiples factores estresores impactan simultáneamente la biodiversidad antártica y el funcionamiento de estos ecosistemas. En paralelo, su colega Cristián Duarte señaló que el reto no consiste en eliminar completamente la iluminación artificial, sino en gestionarla con criterios responsables que equilibren las necesidades humanas y la protección ambiental.

La contaminación lumínica provoca alteraciones en los niveles naturales de luz, un aspecto estudiado en ecosistemas alterados de otras regiones, pero desconocido hasta ahora en los polos. La información obtenida a través de esta investigación permitirá anticipar los efectos de la luz artificial en combinación con el calentamiento global, aportando herramientas científicas para fortalecer la conservación en un territorio clave para la salud planetaria.