Moody’s certificó una mejora en la calificación crediticia de Argentina al actualizar su nota de largo plazo desde Caa1 hasta B3, tanto en moneda local como extranjera, y modificar la perspectiva de estable a positiva. Este ascenso representa un reconocimiento a la reducción del riesgo de impago del país y marca un avance en su proceso de estabilización económica.
El análisis de la calificadora resalta varios factores que fundamentaron esta decisión, entre ellos la consolidación de superávits fiscales, la desaceleración inflacionaria y la acumulación de reservas internacionales. Asimismo, subrayó el fortalecimiento de la credibilidad en la política económica y el menor nivel de volatilidad que viene mostrando la economía argentina en comparación con años previos.
Moody’s también valoró la evolución positiva de las exportaciones y el aumento de inversiones extranjeras, especialmente en los sectores energético y minero. En materia monetaria, destacó que el Banco Central acumuló más de 11.000 millones de dólares en reservas durante la primera mitad del año sin generar presiones significativas sobre el tipo de cambio, un indicador clave de estabilidad financiera.
Si bien la nueva calificación B3 mantiene la deuda argentina dentro del grado especulativo y con un nivel elevado de riesgo crediticio, marca un progreso respecto a la categoría anterior Caa1, que implicaba una calidad de deuda muy baja y riesgo muy alto. Esta mejora puede ayudar a atraer inversores y facilitar el acceso a financiamiento en condiciones algo más favorables, siempre que se mantengan otros parámetros económicos y políticos bajo control.
La perspectiva positiva asignada por Moody’s refleja la posibilidad de futuras mejoras si se sostienen la disciplina fiscal, la acumulación de reservas y el crecimiento de las exportaciones junto con una buena capacidad para afrontar los vencimientos de deuda. Sin embargo, la agencia advirtió sobre los riesgos políticos asociados a las próximas elecciones presidenciales, aunque reconoce que el margen para cambios abruptos en la política económica se ha reducido en comparación con periodos electorales anteriores.