En Ísafjörður, un remoto pueblo pesquero de los Fiordos del Oeste de Islandia, un proyecto urbano innovador instaló en 2017 un cruce peatonal con una pintura en 3D que simula bloques flotantes sobre el asfalto. Esta intervención buscaba que los conductores desaceleraran al acercarse al paso de cebra, utilizando un efecto visual que genera la sensación de un obstáculo elevado.

El diseño nació a partir de experiencias similares observadas en Nueva Delhi, donde se aplicaron técnicas parecidas para controlar la velocidad del tránsito. En Ísafjörður, la iniciativa fue impulsada por la empresa Vegmálun GÍH junto con el funcionario ambiental Ralf Trylla, y debió superar regulaciones locales debido a que no se trataba de un cruce convencional. Finalmente, obtuvo la autorización para su instalación en Hafnarstræti, una calle céntrica cercana al edificio de Landsbankinn.

El paso de cebra tridimensional atrajo rápidamente la atención internacional. Su efecto óptico es más impactante desde cierta distancia y ángulo, logrando que las franjas blancas parezcan flotando a centímetros sobre el pavimento. Para los peatones, esto genera la impresión de caminar sobre bloques suspendidos, mientras que para los automovilistas representa una advertencia visual inesperada que invita a reducir la velocidad.

Aunque esta técnica de «trompe-l’œil» no es exclusiva del pueblo islandés y ya se había implementado en países como India, Rusia, China, Reino Unido y Estados Unidos, la singularidad de Ísafjörður radica en que es un ejemplo de diseño urbano accesible, adaptado a un entorno de clima extremo y calles estrechas. Esta solución de bajo costo se suma a las llamadas estrategias de «traffic calming», medidas que buscan disminuir la velocidad y mejorar la seguridad vial sin recurrir a grandes obras.

No obstante, expertos en movilidad advierten sobre la necesidad de evaluar con cautela la efectividad de estos cruces 3D. Un estudio publicado en la revista Transportation Research Part F indica que, aunque estas pinturas mejoran la percepción de seguridad en peatones y conductores, solo un poco más de la mitad de los automovilistas reconoció haber identificado conscientemente el efecto visual durante la conducción.