La contienda por la presidencia de Perú se mantiene al filo del empate, con Roberto Sánchez Palomino encabezando la clasificación sobre Keiko Fujimori tras el escrutinio de la mayor parte de las mesas electorales. Con casi el 94% de los votos contabilizados, Sánchez sostiene un leve margen de ventaja que aún no permite declarar un ganador definitivo.
El líder izquierdista acumula poco más de ocho millones setecientos noventa mil votos, superando a Fujimori por unos 4 mil novecientos sufragios dentro de un padrón que supera los 27 millones de votantes habilitados. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) informó que restan por procesar aproximadamente cuatro mil seiscientas urnas, algunas con habituales tendencias contrastantes entre regiones, lo que mantiene la incertidumbre en el cierre del recuento.
Expertos en política latinoamericana explican que las mesas restantes corresponden en gran medida a votantes en el exterior —que suelen inclinarse hacia Fujimori— y a zonas montañosas del país que históricamente favorecen a Sánchez. La distribución geográfica de estos votos puede ser decisiva en un resultado tan apretado.
Esta elección tiene una fuerte repercusión regional, ya que la victoria de Keiko implicaría un giro hacia una mayor alianza con Estados Unidos, mientras que Sánchez representa una opción más orientada hacia la izquierda y con posibles vínculos con intereses ajenos a Washington. Perú, cuya economía y política se encuentran en un punto de tensión geopolítica, tiene interés en mantener un equilibrio entre inversiones de potencias como China y su relación con Estados Unidos.
Enfrentados por el periodo presidencial 2026-2031, ambos candidatos representan proyectos políticos y sociales distintos. Fujimori, con un pasado político marcado por la figura de su padre, el exdictador Alberto Fujimori, busca consolidar una línea conservadora tras varias derrotas en segunda vuelta. Sánchez, vinculado al expresidente Pedro Castillo, asegura defender al sector rural e indígena que ha sido históricamente marginado en Perú.
El país vive una profunda crisis institucional desde hace una década, con frecuentes renuncias y destituciones presidenciales por parte del Congreso. El resultado final de esta elección reflejará la tensión entre diferentes visiones del futuro político y social en Perú, mientras el recuento avanza y mantiene expectante a la población.