El desempleo en los principales aglomerados urbanos de Argentina mostró una leve caída en el primer trimestre, situándose en el 7,8%, una baja marginal respecto al mismo período del año anterior. Sin embargo, esta disminución no refleja una mejora real en condiciones laborales, ya que el número absoluto de desocupados aumentó debido al crecimiento poblacional y, además, el mercado laboral experimentó una pérdida neta de puestos de trabajo considerando la estacionalidad.

Un desafío clave que refleja la complejidad del mercado laboral argentino es el aumento de la informalidad, que tocó su nivel más alto desde que se inicia la serie en el cuarto trimestre de 2023, ubicándose en el 44,2%. Esto significa que casi seis millones de trabajadores se desempeñan sin acceso a los derechos y beneficios que otorga la formalidad, como seguridad social y aportes jubilatorios. En contraste, alrededor de 7,5 millones tienen empleo registrado, aunque sólo cerca de seis millones cuentan con descuentos jubilatorios efectivos.

Este fenómeno de precarización laboral refleja un mercado que ajusta «por la calidad y no por la cantidad» de empleo, según expertos. La proporción de trabajadores formales cayó notablemente, mientras que los informales y cuentapropistas sin acceso a protección social aumentaron. Un ejemplo de esta complejidad es la figura del monotributista: si una persona factura como única fuente a un empleador —por ejemplo, un trabajador estatal en esta condición— es considerada informal, mientras que un cuentapropista con emprendimiento y facturación independiente es formal.

Especialistas también destacan que, pese al leve descenso del desempleo, la cantidad de personas que buscan trabajo creció significativamente, un indicador que contrasta con la sensación de freno en la suba del desempleo registrada en el último trimestre. Esto sugiere que el mercado laboral podría experimentar una recuperación paulatina del empleo durante el año.

No obstante, el incremento de empleos precarios sin acceso a seguridad social ni a garantías mínimas de ingresos frente a contingencias representa un desafío estructural que impacta en la calidad de vida y estabilidad económica de millones de argentinos.