Argentina registró un récord histórico en sus exportaciones durante mayo, impulsado por un conjunto de factores que combinaron una cosecha excepcional, un fortalecimiento en la producción de petróleo y gas, y modificaciones en la demanda global que favorecieron ciertos productos y destinos estratégicos.

Las ventas externas alcanzaron los 9.537 millones de dólares, un crecimiento interanual superior al 30%, mientras que las importaciones sumaron 6.033 millones, lo que dejó un superávit comercial de 3.504 millones de dólares en el mes. En los primeros cinco meses del año, el acumulado de exportaciones superó los 40.000 millones, con un incremento notable respecto al mismo período anterior, y el saldo positivo llegó a casi 12.000 millones de dólares.

El auge exportador no se atribuyó a una sola causa. En primer lugar, la campaña agrícola récord aumentó la oferta de productos agropecuarios, lo que amplió los volúmenes enviados al exterior. Paralelamente, la producción de energía, especialmente en Vaca Muerta, comenzó a jugar un rol más importante dentro de la composición exportadora nacional. Además, la coyuntura internacional influyó decisivamente: la tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz elevó los precios de commodities clave como petróleo y fertilizantes, mientras eventos climáticos adversos en países competidores generaron mayor demanda por alimentos y materias primas.

Pero más allá de los datos globales, la desagregación por destino y producto revela movimientos excepcionales que potenciaron el desempeño comercial. Por ejemplo, el girasol argentino se consolidó en Europa del Este, sobre todo en Bulgaria y Rumania. En el primer caso, la ausencia de producción local impulsó un incremento extraordinario de las compras; en el segundo, la ventaja en precios argentinos resultó decisiva.

Por su parte, Asia se destacó como receptor clave del petróleo y productos alimenticios argentinos. En Estados Unidos, la carne argentina experimentó un crecimiento significativo gracias a una combinación de mejores condiciones comerciales y mayor disponibilidad local. Asimismo, la miel se fortaleció como producto de exportación hacia la Unión Europea, beneficiada por un aumento de la demanda y mejores precios internacionales.

En este contexto, la convergencia entre la fortaleza productiva local y las particularidades del mercado internacional explicó el salto exportador sin precedentes observado en el país, que exhibe mayor diversidad de destinos y productos con fuerte crecimiento.