Israel y el Líbano acordaron mantener una tregua en la frontera, aunque los enfrentamientos con Hezbolá continúan en el terreno. Esta decisión fue parte de una declaración conjunta tras dos días de negociaciones encabezadas por Estados Unidos en Washington, donde se estableció el compromiso para implementar un alto el fuego con condiciones específicas para lograr estabilidad.
La vigencia de este alto el fuego depende del cese total de las hostilidades por parte de Hezbolá y de la retirada completa de sus miembros del área al sur del río Litani. Esta zona, ubicada aproximadamente a treinta kilómetros de la frontera con Israel, será puesta bajo el control exclusivo del ejército libanés, excluyendo a cualquier grupo armado no estatal, incluido el movimiento proiraní. El acuerdo prevé también la creación rápida de «zonas piloto» para garantizar este control estatal.
Las negociaciones, aunque respaldadas por ambas partes, se llevaron a cabo sin la participación directa de Hezbolá, que rechazó el proceso y continúa responsabilizándose por disparos contra territorio israelí. Israel, por su parte, advirtió que responderá ante cualquier ataque, incluso amenazó con atacar suburbios en el sur de Beirut si se produjeran agresiones desde esa zona.
Este diálogo ocurre en un contexto complejo donde la influencia de Irán, principal respaldo de Hezbolá, representa un obstáculo para un acuerdo más amplio de paz. El comunicado conjunto recalcó que el futuro de las relaciones entre Israel y Líbano debe ser decidido exclusivamente por sus gobiernos soberanos, rechazando cualquier intento de actores estatales o no estatales que intenten condicionar ese proceso.
Las partes convinieron en celebrar una nueva ronda de conversaciones la semana del 22 de junio para avanzar hacia un acuerdo integral de seguridad y paz. Mientras tanto, los ataques israelíes en la frontera han dejado varios muertos en el territorio libanés, y desde el inicio del conflicto en marzo se reportaron miles de víctimas y cientos de miles de desplazados.