Irán tomó la decisión de cerrar el estrecho de Ormuz al tránsito marítimo internacional, una acción que incrementa la crisis en Medio Oriente y pone en riesgo una de las rutas comerciales energéticas más importantes del mundo. Este cierre responde al supuesto incumplimiento por parte de Estados Unidos de un reciente acuerdo que buscaba reducir las hostilidades en la región, acuerdo que duró solo una semana.

El anuncio lo hizo el Cuartel General Central Jatam al Anbiyaa por medio de un comunicado difundido a través de la agencia estatal IRNA, en el que también se acusó a Washington de no respetar los compromisos contraídos en el memorando de entendimiento. La razón principal que justificó esta medida es la persistencia de operaciones militares israelíes en el sur del Líbano, territorio cuya situación es objeto de disputa y preocupación para Irán.

Según el texto oficial, el cierre del estrecho es el «primer paso» dentro de una serie de acciones que buscan presionar a los adversarios para que cumplan con el alto al fuego acordado. Las autoridades iraníes advirtieron que, si continúan las agresiones, implementarán nuevas medidas para forzar el cumplimiento de los compromisos. Además, denunciaron una «despiadada matanza» y el desplazamiento de miles de personas en el Líbano, señalando la permanencia militar israelí en zonas que consideran ocupadas.

El estrecho de Ormuz es un corredor estratégico para el tránsito global de petróleo y gas, y su cierre afecta potencialmente los mercados internacionales de energía, generando incertidumbre y presión alcista en los precios. La vía fue bloqueada inicialmente por Irán al inicio del conflicto en el 2026, y la tregua conseguida con Estados Unidos había logrado únicamente reabrir el paso de embarcaciones durante una muy breve etapa.

Este aumento de la tensión se produce tras meses de confrontaciones indirectas entre ambos países y podría abrir una nueva fase de conflicto en la región si no se restablece el diálogo y el compromiso para mantener la estabilidad.