El mercado laboral formal en Argentina ha experimentado una disminución constante desde que Javier Milei asumió la presidencia. A pesar de algunos avances macroeconómicos —como la reducción del riesgo país a niveles inéditos en ocho años y una baja en la inflación mensual— el empleo registrado sufrió una caída notable en todos los sectores de la economía.

El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), responsable del registro de los aportes jubilatorios de los trabajadores formales, reflejó esta tendencia negativa en su último informe de marzo. En el periodo comprendido desde diciembre de 2023 hasta marzo de 2026, el sector privado fue el que más destruyó puestos de trabajo formales, con una pérdida de 205.400 empleos. El sector público tampoco escapó a esta dinámica, registrando una contracción de 82.700 puestos.

Además, el empleo en casas particulares se redujo en 20.000 puestos durante el mismo periodo. A estos números se suma la eliminación de 395.000 monotributos sociales a finales de 2024, medida que impactó exitosamente sobre la informalidad y la base de trabajadores registrados pero también contribuyó a la caída general del empleo formal.

Este panorama se presenta en un contexto económico de contrastes marcados. Mientras algunos indicadores, como el superávit comercial que quintuplicó su volumen interanual o la meta de reservas alcanzada por el Banco Central, muestran señales de mejora, sectores tradicionales como la industria y la construcción mantienen niveles de actividad por debajo del promedio, y las ventas minoristas acumulan casi un año consecutivo en descenso.

Solo los sectores vinculados a la energía y minería, que poco representan en el empleo total, logran cierto dinamismo, aunque sin revertir la tendencia generalizada de destrucción de puestos de trabajo. El resultado es un mercado formal debilitado, con menos producción, menor consumo y un deterioro paulatino del empleo en todo el país.