Un hallazgo paleontológico de gran importancia sacude el conocimiento de la fauna mesozoica en la Patagonia: en la provincia de Río Negro se descubrió una nueva especie de cocodrilo terrestre, bautizada como Antusuchus rionegrinus. Este depredador, del tamaño de un perro mediano, habitó hace más de 100 millones de años los desiertos del norte patagónico durante el período Cretácico.

El sitio donde se efectuó este descubrimiento, conocido como Área Paleontológica La Buitrera, es uno de los yacimientos fósiles más destacados de Argentina. Allí, el equipo liderado por la Doctora María Lucila Fernández Dumont, de la Fundación Azara, examinó dos ejemplares encontrados cerca de La Piedra Sola. Su análisis combinó técnicas avanzadas, como tomografía computada y microscopía electrónica, permitiendo estudiar las estructuras internas sin dañar los fósiles.

Este nuevo cocodrilo no era acuático como sus parientes modernos, sino un animal adaptado a la vida terrestre. Su presencia revela que el ecosistema local era más complejo de lo que se suponía, con una cadena trófica que incluía diferentes tipos de cocodrilos. Hasta ahora, las especies dominantes en la región eran los uruguaysúquidos, que se alimentaban de insectos y semillas. En cambio, Antusuchus rionegrinus cumplía el rol de depredador especializado.

El descubrimiento se enmarca dentro de más de 25 años de estudios en La Buitrera, un área explorada desde 1990 por el Doctor Sebastián Apesteguía y su equipo. La Secretaría de Cultura de Río Negro, encargada del control y preservación patrimonial, destacó el valor científico de este avance, que también está respaldado por la Ley Provincial 3041 que regula las intervenciones en yacimientos paleontológicos.

La investigación fue publicada en la revista Historical Biology y aporta nuevos datos sobre los peirosáuridos, un grupo extinto de cocodrilos terrestres que se dispersaron por los continentes del hemisferio sur en el Mesozoico. Además, el descubrimiento contribuye a reconstruir la paleoecología del Desierto de Kokorkom, un vasto desierto de dunas móviles que dominaba la región y presentaba un clima cálido y árido durante el Cretácico.

El estudio y preservación de estos fósiles, junto con el trabajo sostenido de los especialistas en patrimonio y museos, aseguran que el yacimiento continúe siendo una fuente fundamental para comprender la evolución y diversidad de la fauna prehistórica en Sudamérica.