En Argentina, las hipotecas no ofrecen tradicionalmente tasas fijas en pesos a largo plazo, sino que se sustentan principalmente en esquemas indexados por UVA (Unidad de Valor Adquisitivo), que ajustan el capital según la inflación. Sin embargo, existe una alternativa conocida como tasa fija real, que combina un porcentaje anual estable con el ajuste por UVA, ofreciéndose para créditos en un rango aproximado entre el 3,5% y el 11,5% anual.

Este enfoque, impulsado por bancos públicos como Banco Nación y Banco Ciudad y apoyado también por entidades privadas como BBVA y Macro, busca equilibrar la volatilidad económica con cierta previsibilidad financiera. Además, algunos bancos aplican un esquema denominado «tasa mixta», que incorpora un mecanismo para proteger al deudor: si la inflación supera la actualización salarial medida por el Coeficiente de Variación Salarial (CVS), se permite extender el plazo del préstamo, lo que otorga un resguardo ante posibles desequilibrios económicos.

Para quienes evalúan tomar un crédito hipotecario, las entidades suelen financiar hasta un 75% u 80% del valor de tasación de la propiedad, exigiendo que la cuota mensual no supere entre el 25% y el 30% del ingreso familiar comprobable. Esto implica que el comprador debe contar con un ahorro previo de entre 20% y 30% del valor total del inmueble, además de ingresos que se actualicen periódicamente a través de paritarias o ajustes inflacionarios para sobrellevar el pago de la cuota.

Este esquema de tasas mixtas también representa una ventana de oportunidad para inversores en un escenario donde la deuda en dólares tiende a licuarse en el corto plazo, debido a la devaluación de la moneda local frente al dólar.

Por último, la elección entre bancos públicos con tasas preferenciales o entidades privadas con mayor agilidad en el otorgamiento de créditos dependerá de cada situación personal, siempre valorando el equilibrio entre costo financiero, plazo y cobertura ante la inflación.