Tras una pausa de 12 años, Bosnia y Herzegovina aseguró su presencia en el Mundial de fútbol, consolidando así su progresión deportiva pese a un pasado reciente marcado por un conflicto que dejó profundas cicatrices. La selección nacional consiguió el pasaje tras superar una complicada fase de Eliminatorias y un repechaje decisivo, en el que derrotó a Italia, cuatro veces campeón del mundo, en el partido final.
La historia del fútbol bosnio está estrechamente vinculada al devenir político de la región. Bosnia y Herzegovina, con poco más de tres décadas como país independiente, formó parte hasta la década de 1990 de la República Federativa Socialista de Yugoslavia. En ese periodo, el fútbol dependía de la Federación yugoslava, que alcanzó siete participaciones mundialistas entre 1950 y 1990. La ruptura con Yugoslavia en 1992, acompañada por la declaración de independencia, desencadenó un conflicto étnico y territorial, marcado por campañas de limpieza étnica, masacres y el asedio prolongado de Sarajevo.
El conflicto bélico, que duró hasta 1995 y culminó con los Acuerdos de Dayton, dejó un saldo devastador: cientos de miles de muertos y una gran parte de la población desplazada. Esta violencia impactó directamente en la estructura deportiva. Sin embargo, aún en medio de la guerra, se gestó la reorganización del fútbol en Bosnia mediante la creación de la Asociación de Fútbol del país, que trabajando para reinstaurar las competencias internas y obtener reconocimiento internacional. En 1995, la FIFA otorgó a Bosnia una membresía provisional, permitiendo que el equipo disputara su primer encuentro oficial poco después del fin de la guerra.
La aparición de Bosnia y Herzegovina en el Mundial de Brasil 2014 marcó un hito para la joven selección, pese a no superar la fase de grupos. Ese debut incluyó su primera victoria en un Mundial, ante Irán, y un partido destacado contra Argentina, aunque perdió por 2-1. La clasificación para 2026 representa un segundo capítulo en la consolidación de un equipo que crece ante la adversidad y que simboliza el renacer de todo un país.
El recorrido deportivo estuvo acompañado por los desafíos de reconstruir un país, reparar las heridas sociales y avanzar en la integración de sus tres principales comunidades étnicas. La presente clasificación genera expectativas no solo deportivas sino también sociales, al representar un punto de encuentro y orgullo para Bosnia y Herzegovina.