La Revolución de Mayo, cuya conmemoración reciente recordó sus más de dos siglos de historia, no fue un evento aislado sino el resultado de una compleja serie de transformaciones que atravesaron el Virreinato del Río de la Plata y la corona española durante finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Este levantamiento inició un proceso emancipatorio que se extendió durante más de una década y desencadenó la creación de varios Estados nacionales, incluido el que terminaría por conformar lo que hoy conocemos como Argentina.
En los años previos a 1810, el Virreinato dependía directamente de España, cuyo imperio había sido la potencia global dominante desde finales del siglo XVI. Sin embargo, tras la muerte de monarcas como Felipe II y posteriormente Carlos II, señalado como uno de los gobernantes menos competentes, el poder español comenzó a debilitarse. La Guerra de Sucesión Española (1700-1713) culminó con el ascenso de la dinastía borbónica, cuyo objetivo central fue recobrar la influencia perdida en América mediante reformas administrativas y económicas que generaron tensiones entre las élites locales, principalmente las criollas, que reclamaban mayor protagonismo y libertad para comerciar.
Este contexto interno se combinó con la difusión de las ideas ilustradas y los ecos de otras revoluciones como la estadounidense y la francesa. A nivel militar, las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 fueron cruciales para despertar el sentimiento de autonomía en Buenos Aires, ya que la defensa frente a las fuerzas británicas dependió en gran medida de milicias locales. La participación de los criollos en estas acciones militares fortaleció su capacidad política y sus aspiraciones de autogobierno.
El proceso revolucionario de mayo no debe entenderse solo como una reacción puntual, sino como el punto de partida de una década llena de conflictos, negociaciones y transformaciones que, en última instancia, llevaron a la desintegración del dominio colonial español y a la consolidación de nuevos órdenes nacionales en Sudamérica. La formación definitiva del Estado argentino, por ejemplo, se demoró hasta la década de 1880, tras largos años de luchas internas y establecimiento de fronteras y estructuras administrativas.